Sergio Gómez Hernández

Una de las técnicas más eficaces para aprender una lengua consiste en transcribir libros a mano (importante que sea a mano, no tecleando en un ordenador o en el teléfono). A la vez que se escribe, y para que la lengua quede grabada todavía más en la memoria, se puede leer el texto en voz alta. Esto, en apariencia sencillo (y realmente lo es), ha sido “bautizado” por el lingüista americano Alexander Arguelles (página web en inglés foreignlanguageexpertise.com) como scriptorium technique, aunque realmente el origen de esta técnica se pierde en la noche de los tiempos, como suele decirse.

En la época de los grandes imperios de Occidente, cuando los niños romanos se veían obligados a aprender griego a través de soporíferos pasajes homéricos y reglas gramaticales (y viceversa, en Oriente los niños “aprendían” latín a partir textos de Virgilio o Séneca), no había, como hoy, libros de texto, métodos multimedia o podcasts en mp3 (hablando con propiedad, ni siquiera existían libros, sino papyra). Todo esto por cierto facilita enormemente el aprendizaje de una lengua hoy en día, qué duda cabe, pero en realidad nos podemos servir del método con el cual la gente instruida ha aprendido idiomas (incluyendo lenguas muertas) durante siglos.

Se cuenta que el poeta latino Ovidio, cuando quiso aprender griego, se procuró las obras completas del dramaturgo Tucídides y las transcribió, palabra por palabra y frase por frase, hasta copiar la obra completa. No solo en la Antigüedad, sino también los escribas medievales que (literalmente) se dedicaban a copiar la Biblia y todo tipo de textos administrativos, religiosos o jurídicos, se valieron de esta sencilla técnica con éxito.

Necesitamos, pues, pocos recursos: un libro escrito en la lengua que queremos aprender, un diccionario (del que nos serviremos, al principio mucho, para después “poder tirarlo a la papelera” (no literalmente, claro)) (o, aún mejor, la versión traducida en nuestra lengua materna del mismo libro), papel y algo para escribir. La idea es que el libro que transcribamos sea de nuestro gusto, de ficción o no (mejor si no es ficción, y cuanto menos conozcamos el tema tratado, más efectivo será el aprendizaje), ya que la memoria retiene mejor (y es natural) aquello que nos interesa.

Como ejemplo (bastante de Perogrullo), si hemos decidido aprender euskera, y nos encontramos con la frase: "Arrantzaleek arrainak itsasoan harrapatzen dituzte, eta itsasontzietan kaira ekartzen dituzte" [Los pescadores atrapan los peces en el mar y los traen al puerto en los barcos] (tomada del libro Iniciación al euskara, editorial Assimil, 1998), cogeremos un folio y escribiremos:

El método es especialmente interesante (e incluso indispensable) cuando se intenta aprender una lengua que no comparta nuestro alfabeto, pues debemos en primer lugar alfabetizarnos y acostumbrarnos a una nueva forma de leer y escribir. Así, con la siguiente frase en ruso del escritor Fiódor Dostoievski "Отца моего я не помню. Он умер, когда мне было два года. Мать моя вышла замуж в другой раз. Это второе замужество принесло ей много горя, хотя и было сделано по любви" [No conocí a mi padre. Murió cuando tenía dos años, y mi madre volvió a casarse. Este segundo matrimonio, aunque contraído por amor, fue para ella fuente de muchos sufrimientos.], tendremos, pues:

El método anterior no es márketing ni humo. Por tanto, no se parece en nada a métodos "milagrosos" como: “Aprende inglés en 3 meses” o “Sácate el B2 con mi método en 1 año” o cosas mucho más disparatadas. Como casi todo, el aprendizaje de una lengua requiere tiempo y dedicación y es una cuestión de años, cuando no décadas, dominar una lengua. Respecto al método, se podrá objetar que se trata (y yo también lo creo) de un tipo de aprendizaje monótono y un poco pesado, aunque (para terminar hablando en positivo) no es en realidad un estudio; se lee y se escribe, por tanto es un proceso consciente llevado a cabo por un adulto, sin embargo (y esto es lo más interesante) las estructuras gramaticales se asimilan de forma natural inconscientemente, es decir, sin darse cuenta ni estudiando, en el sentido tradicional de la palabra.

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