Sergio Gómez Hernández

Fiódor Dostoievski: La biblioteca ideal para la educación de un joven

San Petersburgo, 19 de diciembre de 1880

Estimado Nikolai Alexándrovich:

Decidí hace tiempo no contestar a las numerosas cartas que recibo, por muy importantes que sean las preguntas que en ellas se me hacen; pues he comenzado a editar el Diario de un escritor, cuya extensión, unido a la falta de fuerzas y energía, no me permitiría un intercambio epistolar, si quiero dedicarme a escribir y a mis propios negocios. Por ello, debe excusarme por responder a su carta de manera tan breve.

No menciona la edad de su hijo; seré, pues, muy general: busque y proporciónele lecturas que susciten en él sublimes impresiones y pensamientos elevados. Si tiene más de dieciséis años, que lea Jukovski, Pushkin, Lérmontov. Si le gusta la poesía, que lea Schiller, Goethe, Shakespeare en la traducción de las ediciones de Herbel, y que lea obligatoriamente a Turguéniev, Ostrovski, León Tolstói, sobre todo León Tolstói (que lea también toda la obra de Gógol). En resumen, todos los clásicos rusos. Le beneficiaría mucho leer historia. Que lea Soloviev, la historia universal de Schlosser, ciertas obras históricas como las conquistas de México y de Perú de Prescott. También, Walter Scott y Dickens, en traducción, si bien pueden ser difíciles de encontrar. Bueno, creo haberle indicado libros de sobra. Si leyera todo eso con atención y provecho, sería ya, de por sí, un hombre educado. Si usted quiere, puede darle a leer Bielinski. Pero por lo que respecta al resto de críticos, espere un poco. Si tiene menos de dieciséis años, déle una selección de los mismos libros, siguiendo únicamente su propio criterio, a saber: ¿lo entenderá? Pues bien, todo aquello que sea capaz de entender, déselo. Un niño de trece años ya podría leer tranquilamente a Dickens y Walter Scott.

Por encima de todo, claro está, el Evangelio, el Nuevo Testamento en traducción. Si puede leerlo en original (es decir, en eslavo), mejor aún.

El Evangelio y los Hechos de los Apóstoles, sine qua non.

No soy yo sino mi mujer la que se ocupa de mandar los libros, bajo mi responsabilidad, naturalmente. Es difícil enviar el catálogo de las obras arriba mencionadas, pues algunas ya no están a la venta, pero los precios están indicados para que disponga de esa información.

Deseándole mucho éxito, le saluda su humilde servidor

Fiódor Dostoievski

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